Sakura: la belleza de lo efímero en el imaginario japonés

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La cultura japonesa ha bebido sus fuentes desde tiempo inmemorial de la búsqueda de la belleza, la sublimación de la perfección y la observación de la Naturaleza como fuente de inspiración. Esta filosofía de vida, que representa fielmente el carácter tradicional japonés, tiene su máximo exponente estos días en el País del Sol Naciente con la floración de la sakura (flor del cerezo), que se extiende desde principios del mes de marzo hasta la primera semana de abril gracias al influjo benéfico del Haru Ichaban, es decir, “los primeros vientos cálidos de la primavera”.

Disfrutar de la contemplación de los delicados cerezos en flor se ha convertido en uno de los acontecimientos más esperados del año desde que en el periodo Nara (710-784) se instaurara la costumbre de observar la floración de los frutales para adivinar el devenir de las cosechas, ya que existía la creencia de que los dioses habitaban en el interior de los árboles. Con el paso de los años, esta costumbre mutó en tradición al instaurar el emperador Saga (786-842) la celebración de fiestas bajo los cerezos del Palacio Imperial para los miembrosde la corte, popularizándose y ampliándose al resto de la población en el periodo Edo (1600-1868).

La floración de la sakura tiene lugar gracias al influjo benéfico de “los primeros vientos cálidos de la primavera”

El carácter efímero de la sakura representa con fidelidad el espíritu y la forma de ser japonesa, que admira el esplendor de la impermanencia de la vida y su fluir, en parte gracias a la herencia espiritual budista que basa la comprensión del mundo en su fugacidad. Por ello, para una sociedad que se sustenta tan firmemente en sus tradiciones, la visión de la caída de los pétalos de la flor del cerezo resulta especialmente evocadora al confirmarse, una primavera más, el renacimiento de la vida como paradigma de un nuevo comienzo.

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En la actualidad, los hanami –festivales de contemplación de la floración de los cerezos– sirven para reunir a familias enteras, amigos y compañeros de trabajo, en torno a un divertido picnic que tiene lugar bajo el esplendor rosado de los delicados capullos del cerezo. Unas fiestas donde se come, se bebe y se celebra la contemplación de la belleza de lo efímero hasta altas horas de la madrugada en los llamados yozakura –cerezos nocturnos–. Es tal el fervor de los japoneses por los hanami que algunos lugares permanecen ocupados durante los días previos para poder disfrutar de la sakura en su momento de máximo apogeo, que no suele prolongarse más allá de una semana y que puede consultarse en el calendario de floración que publica cada año la Asociación Japonesa de Meteorología.

Hoy durante la sakura, familias y amigos se reúnen bajo los árboles florecidos en para celebrar un nuevo ciclo de vida

En un terreno menos espiritual, la pasión por la sakura se ha instalado con fuerza en la sociedad de consumo nipona y en los últimos años pocas han sido las marcas que no han echado mano de la creatividad para lanzar al mercado productos que salen a la venta exclusivamente durante la floración del cerezo.

Cafés con topping de sakura, chocolatinas con cobertura de cereza, refrescos y granizados al aroma de sakura, tartas y pasteles inundan los comercios estos días aprovechando el fervor nacional que genera este fenómeno natural único.

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La línea de tratamiento facial Future Solution LX de Shiseido, formulada con aroma de la flor de cerezo para trabajar intensamente desde el interior de la piel y luchar contra los signos del envejecimiento, es nuestro pequeño homenaje a este pasatiempo tan japonés que constituye un placer para los sentidos.

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