Ikebana, el camino de las flores en su diálogo con la Naturaleza

Modernidad y tradición se unen para dar sentido al modo de vida japonés, que se ha forjado con el paso de los siglos a través de una sabia combinación de doctrinas procedentes de las dos religiones mayoritarias del país. Del sintoísmo toma prestada su pasión por la Naturaleza, mientras que el budismo zen ha dejado su impronta en el principio de la caducidad y la imperfección de las cosas. El carácter ilusorio y fugaz de la existencia terrena, conocido como ukiyo-e, permanece fuertemente arraigado en la sociedad y en la manera de ser de los nipones, dando sentido a las artes tradicionales. También su fascinación por la natura, a la que el japonés siempre ha profesado una fe incuestionable y de la que se siente firmemente ligado de una forma espiritual pero muy íntima.

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La ceremonia del té, la poesía haiku, la caligrafía son algunas de las disciplinas más conocidas de la tradición nipona que rinden homenaje a la Naturaleza. Pero si hay una manifestación que aúna sus códigos estéticos y filosóficos esa es el ikebana, el arte del arreglo floral conocido como kado o camino de las flores y que en el País del Sol Naciente cobra el mismo protagonismo que la pintura y los objetos decorativos con los que suele compartir un mismo espacio físico.

El japonés siempre ha sentido un fuerte vínculo de intimidad con la Naturaleza que lo rodea

Para sus adeptos, el ikebana no es simplemente una forma elegante de concebir los arreglos florales, sino una filosofía de vida que permite al ser humano entrar en comunicación con la Naturaleza a través de la composición de objetos decorativos con elementos botánicos. Ramas, tallos, frutos, semillas, musgo, flores, hojas. Todo vale para crear arte vegetal a través de esta experiencia que se utiliza a modo de meditación y como vehículo para conectar con el flujo de las estaciones y los ciclos de la vida.

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A diferencia del sentir occidental –donde los objetos de arte se conciben para perdurar en el tiempo–, en el ikebana los arreglos florales se crean a partir de elementos orgánicos, dando a lugar a obras efímeras que se prestan a la reflexión sobre el devenir de la vida y su caducidad. A pesar de su aparente simplicidad, nada es gratuito en este arte en el que se busca la línea y la forma en lugar de una simple paleta de colores. Algunas reglas básicas contemplan su práctica en silencio –para favorecer el diálogo con la Naturaleza–, la utilización únicamente de elementos vegetales y orgánicos –perecederos– y la búsqueda del minimalismo como criterio estético, donde las formas naturales y el espacio se fusionan para dar sentido a la disposición.

El ikebana no es sólo una forma elegante de conformar arreglos florales, sino una filosofía de vida que permite a su practicante entrar en contacto con la Naturaleza

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El ikebana, cuyo origen se atribuye a un monje poco satisfecho con las ofrendas florales que ornaban el altar de Buda en torno al siglo XV, cuenta hoy en día con numerosas escuelas con una concepción muy diferente en cuanto a la estética, pero que comparten el principio básico de una estructura en forma de triángulo escaleno definido por tres puntos principales que se cree simbolizan la trinidad formada por cielo, tierra y hombre. En el terreno de la  espiritualidad, su práctica silenciosa otorga un tiempo a su practicante para apreciar la belleza que hay en todas las formas naturales, así como su carácter efímero. Porque el objetivo último del arte del arreglo floral japonés no es llevar un trozo de Naturaleza finita a casa, sino sacar todos sus matices creando un vínculo entre el hombre y su entorno.

La Naturaleza es un elemento clave para Shiseido, el laboratorio donde encuentra el mayor número de principios activos presentes en sus fórmulas, que combina de manera armónica y magistral como un arreglo floral de ikebana.

1 Comment

  • María Del Mar Rivera dice:

    ¡Que arreglo florales más bonitos!. ¡Me han encantado!. Me gustaría que hicieseis algún video o artículo explicándonos como realizar arreglos florales con la técnica del Ikebana.Saludos. María Del Mar Rivera

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